Relaves que valen cobre

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Minera Valle Central partió hace 21 años procesando los relaves frescos de El Teniente. Con el tiempo, sumaron los desechos del tranque Coligües, y ahora acaban de lograr un acuerdo con Codelco para aprovechar el embalse Cauquenes, que los llevará a producir unas 40.000 toneladas anuales de cobre una vez que cierren el contrato. Toda una hazaña.

Por Cristián Rivas N. // Fotos: Minera Valle Central

 

Lo que más llama la atención de la cadena operativa de Minera Valle Central -además del intenso verde que predomina en la zona precordillerana de Requínoa, en las cercanías de Rancagua- es que aquí no existe un yacimiento minero propiamente tal. No hay una rajo abierto, ni túneles subterráneos, como los que se observan un poco más arriba en las operaciones de Codelco en la mina El Teniente. La materia prima para extraer cobre, en este caso, viene de los relaves frescos que deja la operación de la estatal unos 40 kilómetros al interior del tranque Coligües, donde se depositaron en el pasado estos sedimentos.

Precisamente, la compañía hace noticia en estos días por alcanzar un nuevo acuerdo con Codelco, que le permitirá comenzar a extraer relaves del embalse Cauquenes, el más antiguo de la estatal en el sector, lo que prácticamente duplicará su producción hacia 2015 -cuando se situará en torno a las 40.000 toneladas anuales de cobre-, junto con extender la vida útil de sus operaciones desde 2021, en que se encontraba actualmente, hasta el año 2037.

Minera Valle Central es controlada por la canadiense Amerigo Resources -la que transa sus acciones en la Bolsa de Toronto-, que la adquirió a sus socios originales en 2003. La minera partió sus operaciones en noviembre de 1992, como una iniciativa creada por el ex gerente de la División Salvador, Raúl Poblete -que hoy ocupa la gerencia general-, y otros socios, entre los que estaba la empresa Constructora Fe Grande. En sus poco más de dos décadas productivas, se abrió paso como una iniciativa innovadora en la minería, tanto, que ha sido mirada con mucho interés por inversionistas de todo el mundo, con la intensión de replicar el modelo, pero hasta ahora no existe otra firma de su tipo que opere a la misma escala.

Hacerlo no es una cuestión tan fácil, pues según cuenta Poblete, en su trabajo en Requínoa se cumplen muchas condiciones que facilitan el proceso productivo, entre las que está la pendiente en que fluyen los relaves, que abarata el costo de volver a reprocesarlos. Eso, sin mencionar que es una zona donde existe disponibilidad de agua, requisito mínimo que no se da en otros lugares del país o a nivel internacional.

El punto de partida

La idea de trabajar sobre relaves partió en 1989. Claro que originalmente lo que buscaba Codelco no era reprocesarlos, sino más bien removerlos con el objetivo de ejecutar algunas obras civiles en esos terrenos. De todos modos, cuenta Poblete, como se sabía que existía cobre en esos residuos, en el llamado a licitación que hizo la estatal incluyó la opción de que los proponentes pudieran procesarlos para financiar el costo de la operación.

Por ese entonces, él había dejado hacía muy poco su cargo como gerente de la División Salvador de Codelco, y una empresa extranjera con interés en participar de la licitación le ofreció estudiar el proceso y realizar una propuesta atractiva económicamente. Como la idea lo entusiasmó, dice, se puso a trabajar en un modelo que incluía procesar relaves del tranque Cauquenes y la opción de usar los frescos que salían diariamente de El Teniente.

Presentaron la propuesta a la cuprífera, y finalmente resultó ganadora. Pero en ese momento la firma internacional que lo había contactado desistió de su interés en desarrollar el proyecto por lo que Poblete decidió llevarlo adelante con algunos cercanos como socios, más la Constructora Fe Grande.

Como el precio del cobre no estaba muy alto en ese tiempo, optaron por trabajar sólo con los relaves frescos, con los que pudieron comenzar a producir entre 200 y 300 toneladas de cobre al mes, lo que les permitía un retorno atractivo. El sistema que crearon básicamente consistía en reprocesar estos desechos a través de una planta de flotación en cascadas, que aprovechaba la pendiente misma del cerro en que se instalaron, donde utilizaban muy poca energía y sus costos terminaban siendo competitivos.

Entre las cosas que fueron notando con los años fue que las partículas finas de los relaves frescos con las que trabajaban tenían menos contenido de cobre que las partículas gruesas, las que el sistema inventado no les permitía procesar. En los primeros años, habían conseguido una producción anual en torno a las 7.000 toneladas de cobre anuales, pero veían que existía un potencial mucho mayor detrás de estos relaves más enteros.

Así fue como a mediados de los ’90 decidieron instalar una planta de molienda, y luego un circuito de flotación convencional, lo que les permitió avanzar productivamente y alcanzar un nivel que incluso en 2007 llegó a las 18.000 toneladas, pero en los años siguientes se estabilizó en el rango de 10.000 a 12.000 toneladas anuales.

“Todo parecía andar bien. Estábamos bastante organizados y habíamos sacado adelante bastante bien nuestro proyecto, pero vino un ciclo de precios muy bajos del cobre, cuando se fue a los 60 centavos la libra, que fue muy prolongado y fuerte”, describe. Eso hizo que la empresa comenzara a enfrentar una estrechez económica y no pudiera amortizar adecuadamente los préstamos en que había incurrido para la puesta en marcha.

Poblete dice que, contra su voluntad, la mayoría de los socios decidió poner en venta el negocio, lo que finalmente se produjo en 2003, cuando lo cedieron a la canadiense Amerigo Resources, firma que crearon dos socios canadienses exclusivamente para realizar esta compra. “Estaba convencido de que el precio tarde o temprano iba a remontar, pero el resto de los accionistas no estaba muy convencido y vieron que lo mejor era vender”.

Para mala suerte suya y del grupo original, tras materializarse la venta, en julio de ese año, el precio comenzó a remontar sólo unos días más tarde. “De hecho, la empresa pudo comenzar a servir su deuda y lo logró en apenas seis meses, gracias a los mayores ingresos”, sostiene.

El mayor salto 

Hasta esta parte de la historia, la compañía sólo seguía procesando los relaves frescos que día a día viajaban desde El Teniente a través de canaletas, pagando a la estatal un royalty por el uso de esta materia prima. Como las condiciones económicas fueron mejorando a medida que se elevaba el precio del metal, les fue posible comenzar a pensar en trabajar con los relaves sólidos del tranque Coligües, lo que hicieron tras negociar derechos con la estatal. Así fue como en los años siguientes lograron superar las 20.000 toneladas de cobre anuales -y en torno a 1.000.000 de libras de molibdeno al año-, situándose de lleno en el rango de empresas mineras de la mediana minería.

Lo que hacen básicamente con estos relaves antiguos es inyectarles agua a alta presión a través de un sistema hidráulico, creando una mezcla que luego imita el mismo proceso de los relaves frescos, y los desechos finales son despachados hacia el embalse Carén, unos 40 kilómetros más abajo. Lo bueno es que los relaves sólidos tienen un concentrado mayor de cobre y molibdeno, pues son más antiguos, con una tecnología de menor calidad que la actual. Poblete cuenta que las leyes actuales en relaves frescos se sitúan en 0,11%, mientras que en los tranques pueden incluso superar el 0,3%.

Como el negocio ha resultado muy rentable en el último tiempo -con un cash cost que el año pasado se ubicó en torno a los US$ 2,4 por libra, pero que este año disminuyó en el primer semestre a US$ 2,1 por libra-, la firma ofreció a Codelco expandir sus operaciones al tranque Cauquenes, contiguo al embalse Coligües.

A fines de junio pasado ambos llegaron a acuerdo -por estos días se ultiman los detalles del contrato-, lo que en términos sencillos les permitirá duplicar su capacidad de producción hasta superar los 40 mil toneladas anuales de cobre y las 2 millones de libras de cobre, lo que se espera para el año 2015.

Poblete describe que el tranque Cauquenes tiene 360 millones de toneladas de residuos, casi el doble de Coligües, lo que le da más estabilidad en el tiempo a las operaciones de Minera Valle Central.

El proyecto ya tiene lista la ingeniería y fue aprobado por el directorio de Codelco. Sólo están a la espera de la aprobación ambiental, lo que está previsto para fines de este año. La inversión que desplegarán en la ampliación de capacidad bordea los US$ 140 millones, y en este momento se están negociando condiciones de financiamiento.

El plan es comenzar a construir en enero próximo, lo que supone también un cambio en la infraestructura, porque pasarán a realizar mayor extracción de residuos sólidos desde Cauquenes, porque allí están las mejores leyes. Así, el próximo año ya podrían alcanzar las 30.000 toneladas de cobre como primera fase de su expansión.

Un aspecto importante de la operación de Minera Valle Central en los tranques Coligües y Cauquenes es la mejora en impacto visual y ambiental. Al reprocesar estos relaves, una parte se irá al embalse Carén y otra se usará para volver a rellenarlos, aunque en un nivel más manejable, de forma de permitir la formación de lagunas. “Si todo se da bien, se va a transformar desde un pasivo ambiental en algo mucho más amistoso”, afirma Poblete.

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En el tranque Coligües lo que hace Minera Valle Central es inyectar agua a alta presión a través de un sistema hidráulico, creando una mezcla que luego es procesada en las plantas de molienda y flotación. Abajo, el sistema de cascadas que diseñaron para procesar los relaves frescos de El Teniente.

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FUENTE: quepasamineria.cl

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