Relaves y comunidades ¿Es posible recuperar la confianza?

Hace algunos días, diario El Mercurio publicó un suplemento especial sobre Relaves en Chile. A continuación, la columna de opinión de nuestra Fundación que salió publicada en este medio.

Columna de Opinión 25.01.17 El Mercurio

El mercado minero ha crecido exponencialmente en las últimas décadas y hoy nos hemos convertido en el país líder en la explotación y exportación de cobre, superando la producción de los países que nos siguen: Perú y China. A la vez, la actividad minera representa del orden del 8% del PIB nacional al 2016 y si bien esta actividad genera riqueza, por otro lado tiene un gran impacto. El impacto mayor son los relaves, que son los desechos que se generan al explotar un mineral. Actualmente en Chile, producimos 511 millones de toneladas de relaves al año, según Sernageomin.

Con estos antecedentes económicos y nivel de impacto ambiental, uno imagina inmediatamente una industria a la vanguardia, preocupada por las comunidades donde fueron desarrollados con sus proyectos, acompañada de regulaciones a la altura, con grandes inversiones en investigación, eficiencia energética y con especial preocupación en la salud… Pero no es así. En realidad es todo lo contrario.

La verdad es que hoy no tenemos ni siquiera una ley que se encargue de los cientos de relaves abandonados que dejó esta industria por décadas, tampoco tenemos una norma de suelo que pueda regular la contaminación, si uno visita e investiga a las comunidades que convivieron con la industria minera hoy están sumergidas en la pobreza y subdesarrollo, llenos de relaves. En muchas comunidades, el agua está contaminada, no se puede tomar y no hay disponibilidad para regadío.

Cada vez que hay aluviones, los relaves corren por las riberas de los ríos, y cuando como Organización hemos demostrado junto al Colegio Médico la contaminación, el gobierno y la industria salen a desmentir, descaradamente, esta contaminación, su impacto ambiental y los potenciales efectos en salud. Es más, en la ribera del río Copiapó hay relaves completos tapados por tierra y escombros, y en otros relaves abandonados simplemente se construyeron poblaciones y comunidades completas sobre ellos.

Si vemos el presente, actualmente sí tenemos una ley de cierre de faenas mineras, la nº 20.551 del año 2011, pero ésta no contempla los relaves abandonados. Tampoco tenemos experiencias en cierres ya que la ley comenzó a regir desde el 2012, por lo que en tema de cierres el futuro aún se está construyendo. Otro punto a revisar son los derrames, todos los años tenemos estos incidentes y la industria, en vez de reconocer, niega los impactos.

Si revisamos los casos de dos relaves activos emblemáticos de nuestro país, Talabre y el Mauro, ambos están judicializados, y no por un afán de las comunidades a frenar proyectos, sino porque la forma de desarrollo de esta industria se basa en una responsabilidad social empresarial basada en multicanchas, pagos compensatorios y malas prácticas. No olvidemos que a “El Mauro” de Minera Los Pelambres, se le culpa, no sólo de una construcción deficiente y de contaminar y secar el valle del Pupío, sino también de la destrucción arqueológica más grande de Chile.

Entonces, para recuperar confianza, tenemos varios desafíos. El primero claramente es saldar la deuda con los relaves abandonados y normativa de suelo. Otros desafíos, no menos importantes, tienen que ver con reconocer impactos, transitar hacia la transparencia, impermeabilizar el suelo y hacer relaves espesados en el futuro, avanzar en fitoestabilización e invertir en innovación científica. Sin afrontar estos desafíos, será imposible recuperar la confianza de las comunidades.

Revisa la columna en El Mercurio aquí.

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