Manuel Cortés, aprendiendo a pulso todo lo que hay que saber sobre relaves

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La Fundación Base Pública, entidad que busca fortalecer la representación y voz de los ciudadanos, presenta este, por veces, triste relato de una verdad más común de lo que la mayoría de los chilenos quiere ver.

Entrevista a Manuel Cortés, chañaralino que publicó el libro “La Muerte Gris de Chañaral”, que ya tiene dos ediciones, y que expone la realidad de la Bahía de Chanaral, tras 5 décadas de contaminación por relaves por parte de CODELCO.

Nacido y criado en Chañaral, Manuel aprendió a pulso todo lo que hay que saber sobre relaves. Su mayor expertise: la gran playa “natural” de relaves con la que junto a sus vecinos ha cohabitado por décadas. Una agrupación ambiental y un libro que lleva dos ediciones, son algunas de las iniciativas que ha impulsado y que lo mantienen con la energía necesaria para no tirar la toalla y seguir luchando por encontrar soluciones a la contaminación que los rodea.

Manuel Cortés (60) siempre escuchó rumores sobre relaves y contaminación en Chañaral. Al igual que todo el pueblo, sabía del recurso de protección presentado por la comunidad que terminó en un fallo de la Corte Suprema en 1988, que obligó a Codelco a poner fin al vertimiento en el lecho del Río Salado de los relaves producidos en la explotación de cobre en su división El Salvador, así como a construir un tranque que los contuviera.

Estos desechos mineros contaminaron la bahía de Chañaral por cinco décadas, convirtiéndola en una suerte de playa de relaves.

“Yo era tan ignorante que pensé que cuando se ganó el recurso de protección se había acabado la contaminación en Chañaral”, recuerda Manuel.

Todo cambió cuando en 1989 se instaló con su esposa y sus tres hijos en la recién inaugurada villa Pan de Azúcar, a escasos metros de los millones de toneladas de relaves de cobre que componen la bahía.

Un año después del fallo, y recién instalado en la villa, con sus vecinos empezaron a convivir diariamente con un finísimo polvo que se levantaba desde la playa e invadía sus casas, provocando irritación a los ojos y problemas domésticos, como que se adhería a la ropa del lavado. Aunque barrían varias veces al día, el polvo siempre volvía. Siempre estaba ahí.

Manuel cuenta que iniciaron reclamos como comité vecinal y que fueron invitados a un foro sobre relaves mineros y agua en Copiapó, impulsado por Sara Larraín y el doctor Andrei Tchernitchin.

“Quedamos espantados con lo que pudimos aprender. Por ejemplo, hay antecedentes de que hay ciertas enfermedades crónicas que se dan acá mucho más que en otras comunas de la región”, explica.

El chañaralino empezó a estudiar de relaves. Y de medio ambiente. También de la historia que marcó a su pueblo y a la playa que todos los días ve por la ventana.

Fue así como creó en 2001 la Agrupación de Chañaralinos Defensores de la Naturaleza (Chadenatur).

“Cuando fuimos juntando antecedentes nos pusimos más serios, nos organizamos, iniciamos movilizaciones. Incluso publicamos un libro”, relata.

Hoy, es un referente en el tema y estudiantes, científicos y personal de la municipalidad, lo citan a la hora de hablar sobre la playa de relaves que tienen de vecina.

Manuel no tiene una educación ambiental formal. De hecho, se dedica al transporte de personal de una desaladora. Pero fue aprendiendo.

Chañaral Antes
Bahía de Chañaral

Los antecedentes que recopiló terminaron transformándose en el libro “La Muerte Gris de Chañaral”, que ya tiene dos ediciones. Una de 2010, financiada por la Fundación alemana Heinrich Böll, y otra de 2014, que lograron publicar gracias a un fondo de desarrollo social al que postularon.

“Por toda la experiencia recabada en el libro, es indesmentible que aquí hay contaminación por relaves y que produce menoscabo en la calidad de vida y en la salud de personas. Por ejemplo hay antecedentes de que en Chañaral hay más cáncer que en otras comunes de la región. Cosas realmente alarmantes”, cuenta.

Y agrega que “uno nació acá en una playa tan bonita, así que hay un cierto acostumbramiento del terror que vivimos. Es bastante dramático, pero lo miramos con cierta naturalidad”.

Tras la publicación de su libro, que asegura está en todas las bibliotecas y liceos de la Región de Atacama, esperó alguna reacción o respuesta de las autoridades. “Pero nunca ha pasado nada”, lamenta.

Tras el aluvión observó que “ la ciudadanía reaccionaba con mayor conocimiento por el trabajo con nosotros, pero aún no es suficiente”.

Con su organización, han participado en movimientos con otras comunidades. “Cuesta formar un gran movimiento como ocurre en Puchuncaví por ejemplo. Tendría que venirse un montón de gente de afuera para hacer fuerza con nosotros”, explica este chañaralino, que la bahía de relaves convirtió en un ecologista que no afloja.

Fuente: basepublica.org

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