La Cruzada de la Doctora Cortés

Doctora Sandra Cortes

Hace más de 15 años, la doctora Sandra Cortés visitó Chañaral por primera vez. Nunca más pudo olvidar la imagen de la playa hecha de relaves. Desde entonces participó en varios estudios que arrojaron altos niveles de metales pesados que se encuentran en este relave, en el polvo de las calles y en la orina de las personas. Después del aluvión de 2015 las mediciones arrojaron una baja en estos metales, abriendo interrogantes que necesitan investigaciones más completas y constantes en el tiempo. Una deuda del país con los chañaralinos que tiene una piedra de tope: financiamiento.

Hace unos 15 años, la doctora Sandra Cortés viajó a Chañaral para asistir a un matrimonio. La visita marcó su trabajo para siempre, ya que no pudo olvidar que la arena de la playa tenía tonalidades verdes. “Se veía claramente que era una playa que tenía cobre”, recuerda la especialista en riesgos para la salud asociados a la contaminación ambiental. Desde entonces, ha realizado varios estudios en el lugar.

Y es que por más de 50 años, la bahía de Chañaral recibió directamente millones de toneladas de relaves de cobre provenientes de la división Salvador de Codelco y otras mineras, lo que terminó por crear una suerte de playa artificial compuesta de relaves. La misma playa donde se bañó en 2003 el entonces Presidente Ricardo Lagos, para cumplir una promesa al entonces alcalde de la ciudad, el radical Héctor Volta. El baño presidencial no terminó con las aprensiones de los chañaralinos.

“Este es el relave más escandaloso que hay en el mundo y nosotros como país lo tenemos totalmente invisibilizado, fuera de discusión de la política pública”, asegura Cortés, a quien ya en esa época le llamaba mucho la atención que las personas decían que el relave representaba un problema para su salud y nadie sabía mucho qué pasaba.

Entonces, cuando hizo su doctorado en Salud Pública, presentó Chañaral como caso de análisis. En el primer estudio que hizo en la zona, en 2005, “vimos que había una alta percepción de riesgo para las personas que identificaban de mucho peligro para su salud el vivir en una zona con relaves mineros. Y pudimos constatar que había exposición a metales presentes en el relave, ya que las personas estaban excretando niveles altos de metales como arsénico, cobre y níquel”, explica Cortés.

Cuatro años después, en 2009, lideró otro estudio para caracterizar si las personas de Chañaral tenían un perfil de salud distinto que el del resto del país. La doctora en Salud Pública detalla que “pudimos constatar que había un problema serio de enfermedades respiratorias con altas prevalencias de enfermedades respiratorias crónicas, junto con enfermedades metabólicas que tenían un comportamiento completamente distinto y tasas mucho más altas que lo que había en la región o el resto de Chile; lo que interpretamos que podía deberse a vivir en una zona con relave minero”.

Tras el aluvión de 2015 Cortés volvió a Chañaral junto a un equipo interdisciplinario ligado a la Universidad Católica para tomar muestras de polvo de la calle y de orina de las personas.

chañaral bahiaBahía de Chañaral después del aluvión de 2015

Para su sorpresa, los niveles de metales en el polvo y en la orina eran más bajos que hace 10 años.

La especialista señala que no saben los motivos de esta disminución, pero “claramente el fenómeno del alud fue de tal magnitud que movilizó mucho relave y lo vació hacia el mar, lo que de alguna manera limpió la ciudad. Es como si se hubiera hecho un gran lavado de calles. Entonces disminuyó el nivel de polvo en suspensión y la concentración de los metales que están en el polvo superficial”.

Pero, recalca, “lo que sospecho y es lo que queremos estudiar, es que en la medida que ese efecto se va a diluir como consecuencia del tiempo, va a volver a aparecer el relave metido en la playa y podría volver a aparecer un daño en salud. Pero eso es una hipótesis, no lo puedo confirmar ahora”.

Para poder confirmarlo es necesario hacer estudios que se mantengan en el tiempo y que tengan una serie de características como realizar simultáneamente un estudio similar en un lugar sin relaves. “Pero esto no es una prioridad para el Estado”, asegura. Por el momento, Cortés y su equipo han postulado a diversos fondos y siguen en búsqueda de financiamiento para impulsar esta investigación, que podría costar unos 100 millones de pesos, según calcula.

La especialista dice que en otros países hay distintos modelos para financiar este tipo de iniciativas, claves para un país minero como Chile. Por ejemplo, en Estados Unidos “las empresas emisoras de contaminación aportan a un fondo común que administra una agencia del Estado vinculada al ministerio de Salud y que decide convocar a los expertos que necesite para estudiar los fenómenos y acciones. En otros caso el Estado por sí mismo lo financia. Nosotros no tenemos ninguna de estas figuras”.

“En los lugares donde hay relaves la gente está absolutamente convencida de que su salud está dañada por esos relaves. Entonces ¿cómo desconstruyes esa percepción? Con evidencia científica. Y la evidencia científica se tiene que generar desde el mundo de los expertos en salud, de los expertos en medio ambiente y desde una mirada interdisciplinaria. En Chile tenemos relaves de norte a sur. Creo que hay que hacer una convocatoria seria, abordar la problemática”.

Fuente: basepublica.org

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